Redentor

Condenados a repetir los mismos salmos

oscuros

delirios de hombres remotos.
Su hambre, no la nuestra.
Su lengua, gruta de la nuestra.
Sus muertos…

Vengo a partiros el rostro,
miserables pastores.
De mi espada caerá el verso
roto, esparcido por vuestro desierto,
indiferente entre la arena
como una arena más.

Guardaos vuestra sórdida interioridad,
esa legumbre seca convertida en fastos,
pasto de las dunas,
coméosla, como en vuestros rituales,

hasta el último pedazo.

No queremos

ningún cadáver flotando en nuestras fuentes.

Mirad vuestra obra:
Desengañaos, no perdura, nada lo hace.
Vuestros cálices son las manos de un sediento.
Mirad las cuencas vacías en el paisaje,
la gula de vuestras almas
es la castidad que lo ha devastado.
Dejadme, mulas fariseas, que le de
nueva fertilidad a la yerma planicie
de vuestros salmos.
Mi semen es ácido para vuestras lenguas.
Mi palabra, un nuevo sol.

Somos manantial, p. 26

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