La tradición perenne no existe

La tradición perenne —filosofía perenne, sabiduría perenne o tradición eterna— es supuestamente el sustrato común de todas los saberes históricos desde el origen de la cultura humana, lo que engarza los grandes ideales filosóficos, religiosos, éticos, morales, espirituales, etc. Pues bien, esta tradición no existe. Obviamente existen contenidos que pueden ser comunes, o parecidos, en todas las culturas, pero no forman una tradición. Todo lo que podamos encontrar de común es tan general y aparece tan desapegado de las situaciones concretas que carece de sentido sin su forma material. Su existencia es más una voluntad de que exista, ensalzada por sus cultivadores, que una existencia real. Estos grandes defensores, desde Marsilio Ficcino hasta René Guenon, pasando por Leibniz, A. Huxley, A. o Coomaraswamy, la exponen cada uno a su modo. En realidad, cada uno expone su propia filosofía. Los puntos de convergencia nos permitirían hablar, más que de una filosofía perenne en sí, de una filosofía tan mundana e histórica como cualquier otra, uno de cuyos dogmas sería la perennidad que aquí negamos.

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