El inglés es el idioma del porno

En la antigua Roma, el griego era el idioma de la cultura, tanto que hasta el emperador Marco Aurelio escribió en esta lengua sus Meditaciones. El imperio, sin embargo, era Roma, y dio su lengua a las tierras conquistadas, uno de cuyos descendientes, a través de otro imperio, el español, llegó más lejos aún. El inglés también ha tenido su imperio, y aún lo tiene a través de uno de sus retoños, convertido ya en dominador mundial. Pero esta vez su expansión es mucho más selecta. Al nuevo inglés ya no le interesa nuestra vulgaridad cotidiana, que podemos seguir hablando en nuestra lengua sometida. Prefiere ser la lengua franca del tráfico mundial. Toda actividad lucrativa debe pasar bajo su sombra. Si alguien escribe sus meditaciones, lo hace en su lengua materna. Pero si lo que necesita es prosperar, escribirá un paper en inglés, o al menos con el abstract en esta lengua. Sin este trámite, la calidad del contenido importa poco. El español todavía tiene su pequeño mercado, pero ¿adónde van un finlandés, un croata, un malayo, un neerlandés o un telugu sin el inglés? Así, eso que los idealistas decimonónicos llamaban espíritu ha quedado arrinconado entre las rígidas estructuras del idioma de los negocios y la ingeniería. Todo sus saberes se transmiten y codifican en el infinitivo inglés, el verbo simple y perfecto para el lenguaje de las máquinas. El lenguaje público, el del comercio, nos lo arrojan subrayado por anglicismos que nos recuerdan dónde está la fuente de nuestros sueños. Ellos sueñan por nosotros en el idioma común de la fantasía colectiva. En ese mundo cabe todo lo que sea lucrativo, y cuanto más simple, directo y llano, más anglificado. Nadie escribe poesía ni meditaciones en inglés, salvo que sea un snob de grandes almacenes, pero para gemir, gritar o llamar a la excitación, todos lo usan. Los acentos de todas las naciones se mezclan en la pornografía, sexual o sentimental, y balbucean unas pocas expresiones en inglés que todos entienden. El inglés es, sobre todo, el idioma del porno, tanto que hasta sus mayores enemigos lo hablan cuando se graban follando.

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